Algunos días me pierdo conforme el sol completa su recorrido, otros amanezco ya sin rumbo. ¡Qué extraña sensación es esta que me infecta! Mi vida no me pertenece. Siempre miro a través de mis ojos en tercera persona, como si no estuviera ahí. Quizás porque nunca abandono la idea de irme. Quizás porque, después de todo lo ocurrido, he permanecido atemporal. Me siento extranjera en el cuerpo que habito: ni si quiera está governado por la misma mente. Lo que antes me llenaba ni siquiera repiquetea en mi interior. Lo que antes esbozaba un futuro capitalmente satisfactorio ahora me produce rechazo.
Y bien, la solución parece estar más que clara: vete. Pero no puedo irme. No puedo irme porque dentro de toda esta desolación queda un resquicio de esperanza que me dice que el futuro será tan feliz y pleno como lo planeábamos. A pesar de que una voz en mi interior me diga que las expectativas me llevarán al suicidio, me gusta no escucharla, porque tirar la toalla para alguien como yo ya es en sí un suicidio, incluso cuando la lucha no tiene demasiado sentido.
No comments:
Post a Comment
Non-sense won't be published. You're welcome.